Ymascotizados

Racismo en España

¡Qué fuerte, qué fuerte, lo que ha pasado en el metro de Barcelona! ¡Y qué fuerte también que el desgraciado ése esté ya en la calle! ¡Bueno, y qué fuerte lo que le ha pasado al pobre doctor, también en Barcelona, con el revisor del tren! Debe ser que en Barcelona, revisores y violentos, son todos racistas, o quizá deberíamos extrapolar aún más y decir que toda la población barcelonesa lo es, o aún más, todos los catalanes, o quién sabe, quizá todos los españoles.

Al abrir los periódicos o encender la televisión, nos encontramos con dos noticias bien diferentes, que aparecen entroncadas bajo una raíz común, el racismo. Claro que se trata sólo de una -de entre todas las posibles- interpretación de los hechos por parte de los medios, pero de eso no parece darse cuenta nadie, todo el mundo lo acepta tal como lo han dicho en la televisión y los periódicos. Esto ha ocurrido porque la chica es ecuatoriana y el doctor negro. Porque el violento es un sking-head, y no porque los violentos ataquen sin razón ni motivo aparente -excepto para ellos- a cualquiera que se les cruce en el momento y el lugar propicios; y porque el revisor sin duda es racista y va a por los negros, y no puede que sea porque de vez en cuando los revisores se ceben con quien les haya mirado más de una vez.

No será la primera vez, y desgraciadamente tampoco la última, que un violento malnacido agrede a alguien que considera menos fuerte que él mismo, y lo mismo se puede decir de un revisor que pide el billete a una sola persona, en un vagón lleno, porque le ha caído mal y hace uso de abuso de poder. Pero en este caso la agredida era ecuatoriana y el interpelado negro, y entonces, automáticamente, los medios de comunicación dicen que es un caso clarísimo de racismo, y todos lo aceptamos borreguilmente porque…¡lo dice la tele! No se nos ocurre pensar por nuestra cuenta y llegar a otras conclusiones posibles. Tan posibles como que se trate de racismo, que no es que esta posibilidad no exista, que existe, es que hay más opciones. ¡Vamos, demos paso a la sana duda razonable, tan útil en cuestiones que, por humanas, son complejas; dejemos hueco a la imaginación, que para algo la tenemos!

Imaginemos ahora una situación similar, con algunos factores diferentes: el malnacido violento va borracho -como afirma- y ve a una chica sola, en un vagón casi vacío, ocupado únicamente por él mismo, la chica y un “mindundi” (que de éste me ocuparé en breve) sobre el que colige que, o bien no va a meterse donde no le llaman, o bien si se mete podrá también con él. La chica es blanca y española, y él la ataca en el modo en que hemos visto que lo hacía en el video, mientras el “mindundi” “observa de reojo con actitud pasiva” (¡manda huevos!, que dirían en las cortes).


Entonces el tema, en la televisión y en los periódicos, y hasta en la calle, se habría tratado de otra forma, ¡seguro!, ¿a que sí? Estaríamos seguramente oyendo hablar de la creciente violencia en nuestros jóvenes, debida a la alienación que provoca esta sociedad que ya no inculca en su educación los valores tradicionales, o debida a los videojuegos o los juegos de rol, o a ambas razones, o qué se yo. El caso es vender, tirada y publicidad, y para eso hay que tener audiencia, y el tema del racismo, señoras y señores, vende porque provoca polémica. Da igual que el tema sea delicado y serio (ya sea mal trato doméstico, ya sea racismo, ya sea...), da igual que afecte a miles de personas, si vende se publica, sea o no sea cierto, esté o no esté documentado y probado, con que sea probable vale. Y sería, desde mi punto de vista, incluso legítimo si apareciese así, como una posibilidad probable, pero de ninguna manera se puede admitir que lo presenten, en primera instancia, como algo que es.

Y ahora imaginemos que el revisor del tren le pide el billete a un doctor blanco y español y, al negarse éste a enseñárselo, el revisor llamara a los mossos. Me pregunto si habría salido esta historia en la tele o en los diarios… Pobre doctor blanco, casi lo veo de medio en medio ofreciendo su historia, encontrándose siempre con similar respuesta: “pero, hombre, ¿y a nosotros qué nos cuenta?, reclame a la compañía…!”

Sobre el racismo, yo personalmente no creo que España, como país, sea racista. Pero tampoco creo que se deban permitir ni fomentar comentarios como el que he escuchado hoy en un telediario: que nos tenemos que adaptar a las personas que llegan de fuera, a sus usos y costumbres. Hombre, no, no, y no. Nosotros hemos sido inmigrantes y nos hemos adaptado a los países a los que hemos ido a trabajar, y si no nos hemos adaptado hemos sufrido el vacío social. Si voy a casa de alguien me someto a sus reglas y costumbres, y si no, no voy y me quedo en mi casa. Por favor, dejémonos de hipocresías social y políticamente correctas, ¿es o no es así?. Actos como los de ese canalla, que ha atacado a una pobre chica menor de edad y sola, sea de la raza y el color que sea, no deberían quedar impunes nunca, de ninguna manera. Pero señores, no le pongamos, encima, al ejecutor, una etiqueta que además de acusarle le excuse, o justifique de alguna forma su acto, que no tiene justificación.

Quizá sean racistas el macarra y el revisor de marras, quizá no. Lo que es seguro es que el primero se comportó como un violento despreciable que merece que le retiren de la sociedad hasta que se consiga reeducarle para ser civilizado, y que si hubiese agredido a una chica blanca y española estaría igualmente ya en la calle; y también es seguro que el segundo actuó como un gilipollas abusón que merece una reprimenda, y que no habría sido tan duramente sancionado de haber sido blanco y español el doctor. Pero los españoles siempre corremos a buscarle tres pies al gato, y a tirar piedras contra nuestro propio tejado. Somos así, "quijotescos" nos llaman algunos, yo lo denominaría de otra manera. No obstante... tal vez no, una actuación ¿falsamente?caballeresca aunque equivocada..., quizá sea correcto el término.
Sobre el “mindundi” he oído (o leído, no lo recuerdo) de él que “contemplaba la escena impávido”. Por Dios, seamos serios y consultemos el diccionario más a menudo, sobre todo los periodistas que dan las noticias deberían ser más puristas con el lenguaje que usan. ¿Impávido?, ¿no será pávido, o sea, aterrorizado?


En fin, es fácil juzgar a alguien desde la distancia emocional y física de los hechos, pero parémonos a pensar qué habríamos hecho cualquiera de nosotros ante una situación así, en la que nos sabemos solos y desprotegidos, frente a un bandarra violento que maneja sin duda mejor que nosotros el arte de la pelea, que quizá lleve una navaja o un arma de fuego, o sea un “yonqui” con el “mono” y una jeringuilla usada en el bolsillo.

¿Quién se atreve a afirmar sin asomo de duda que se habría involucrado? Incluso si alguien es capaz de contestar a la pregunta anterior con un sincero e introspectivo: ¡YO!, ¿puede ese alguien, o quien sea, juzgar al que conteste que él no -o al que simplemente no conteste, o conteste que no sabe lo que habría hecho- por ser más precavido, cauto, miedoso o cobarde, y no atreverse a arriesgar, tal vez, su vida? Claro que quizá el "mindundi" no estuviera atemorizado y la explicación es que también sea un racista que estaba disfrutando del espectáculo, ¿no?. Puede, todo puede ser en realidad, pero yo, a riesgo de equivocarme -que nunca se sabe cómo va a reaccionar una-, a riesgo de ser juzgada por muchos, a priori me declaro y autoproclamo, antes que heroína apaleada o contagiada o muerta, “mindundi” viva, mas nunca, jamás, racista. ¿O alguien se apunta a ser el próximo "Daniel" (no recuerdo el apellido, como el pobre murió ayudando a una chica blanca y española que estaba siendo apalizada por su novio, quien por cierto también está en la calle ya, su caso no ha tenido tanta trascendencia) quien desgraciadamente también ha salido en los medios por ser un heroico caballero...muerto?

 
Free counter and web stats