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¡Sexo, ¿quién lo entiende?!

“Mi relación de pareja sería ideal... si no fuera por mi pareja”


Esta frase es universal y válida para ambos sexos. Está claro, el ser humano es una especie dividida a su vez, no en dos géneros -o no sólo-, si no en dos subespecies según el género. Esto es así tomando en cuenta únicamente dos géneros, aunque ya sé que hay más, de reciente aparición (no porque antes no estuvieran sino porque antes no aparecían). El género masculino y el femenino, que engloban a todos los demás subgéneros (el femenino masculinizado, el masculino feminizado, el ambiguo, la ambigua, el femenino-masculino y el masculino-femenino {ruego se me perdone si me dejo alguno pero es que en esto de los subgéneros, como sólo estudié dos, me pasa como con la Unión Soviética, que sólo me sé Rusia}).

La pareja siempre parece haberse propuesto amargarle a uno/a la existencia, y lo peor es que lo consiguen con bastante arte. Las discusiones, que empiezan a ser más y más fuertes de lo aceptable según la pasión va dejando paso a la rutina, siempre empiezan por lo mismo y siempre acaban de igual forma. Él piensa una cosa y ella otra, pero sin puntos en común ni mínimo acercamiento, porque las formas de ver las cosas según el género son muy diferentes. Mientras unos y otras crean que estos puntos de vista no afectan a su manera de vivir, todo va (bien no, pero va); lo malo es cuando llega el momento en que uno y/u otra piensan que se ven afectados en su manera de vivir por el diferente punto de vista de la pareja. Ahí es cuando surge la tormenta que, si llega a huracán, acabará con la relación de pareja.


Dicen que las mujeres hablan y los hombres callan. Eso no es cierto, cualquier mujer y cualquier hombre nos lo dirá refiriéndose a su propio género; por supuesto en cuanto al otro estará de acuerdo con la afirmación engañosa. Es decir: las mujeres piensan que callan más de lo que deberían; los hombres piensan que se expresan y además con claridad. El problema es que ni unos ni otras usan de la llamada asertividad. ¿Cómo le dices a tu pareja “eres un gandul que no compartes ninguna de las tareas que son propias de los dos” sin perder los papeles y, sobre todo, sin que los pierda él? ¿Cómo le dices a tu pareja “me gustaría llegar a la hora a una cita aunque sólo fuera por una vez en la vida” sin poner mala cara y, sobre todo, sin que la ponga ella por el resto del día? La asertividad es importante y necesaria. Decir lo que sentimos tal como lo sentimos y conseguir que el otro/a lo entienda como si lo sintiera él/ella mismo/a es tan imprescindible como imposible.



Porque los hombres y las mujeres no sienten igual, no piensan igual, no hablan igual, no escuchan igual, no viven igual y no ven las cosas igual. A veces están a años luz de distancia, y otras parece que se acercan un poquito pero es sólo una ilusión. De ahí que el entendimiento hombre-mujer sea difícil y, también por eso, que muchos se planteen un cambio de acera (porque una fémina o un hombre feminizado entenderán perfectamente a una mujer, así como un macho o una mujer masculinizada lo harán con un hombre; el ambiguo/a –que hasta ellos tienen subgénero- según le da, o entiende a unos y otras o a ninguno).


Mil veces vuelve a salir un tema, en sus diferentes versiones y con distintas variaciones, sin encontrar una solución ni llegar a un entendimiento. Si alguna vez uno de ellos reconoce algo (más por ceder en favor de la relación que porque realmente reconozca algo en serio) añade una coletilla justificadora que al otro/a le revuelve los higadillos empeorando aún más, si cabe, la situación. Por regla general y digan lo que digan, el contrincante-pareja siempre lo va a tomar como una crítica, por lo común no constructiva. Hagan lo que hagan, uno/a siempre hace más, sacrifica más, pone más, ama más y cede más que el otro/a. Y, cuando alguno de los dos plantea posibles soluciones, como éstas también están condicionadas al género, normalmente a la pareja no le parecen válidas sino, en todo caso, un exponente más de la falta de entendimiento del otro/a.

Y como yo soy de la especie humana, de sexo mujer y de género femenino, pues como que me apunto al dicho ése que tanto repite mi madre de: ¡Hombres, mejor cerdos que se aprovecha hasta el rabo!

 
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