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Anuncios Metro de Madrid, publicidad engañosa


Se nota que los publicistas encargados de los anuncios de Metro de Madrid no lo han sufrido usado nunca. Y no es que yo sea una experta en publicidad, ni mucho menos, pero joder qué menos que probar lo que vas a anunciar, ¿no?

Todavía me acuerdo, hace unos meses, estando apiñada entre cientos de personas e intentando pegarme bien a la pared no fuera a ser que sin querer, sólo por estar más que sobrepasada la capacidad de espacio tras más de 20 minutos de esperar al tren, alguien me tirara a la vía de un empujón, mientras veía en las pantallas de metrovisión el anuncio de un filipino enseñando a sus conciudadanos a construir un metro como el Metro de Madrid, que era el mejor del mundo.

Pues bien, no sé si algunos habréis visto el nuevo anuncio de este monopolio de transportes madrileño, pero si no es así haced por verlo, no tiene desperdicio. Si bien yo lo cambiaría un poco, sólo un poquito, para ajustarlo a la realidad. Como no sé hacer videos y aunque supiera no sabría subirlos aquí, os cuento cómo sería mi anuncio realista de Metro Madrid comparándolo con el que sale en la tele.

1ª escena:

- Coincidencia mío-real: Plano largo de un señor frente a una máquina expendedora de billetes con una señora embarazada detrás de él. La señora le dice: “Se ha adelantado…”

- real: El caballero se vuelve con mucha educación y parsimonia a decirle que él estaba antes

- mío: El energúmeno se vuelve como una fiera porque él estaba antes, a ver si se ha creído esta tía que por tener un bombo va a tener preferencia; ¿no quieren igualdad?, pues toma igualdad

2ª escena:

- Coincidencia mío-real: La señora le dice que es “Fulanito” (no recuerdo el nombre) quien se ha adelantado tocándose la barriga y refiriéndose al bebé.

- real: El caballero, solícito, se ofrece enseguida a ayudarla; la coge con esmero y afecto y la ayuda a llegar a un mostrador de información para pedir ayuda. Una vez que la obtiene (la ayuda), ¡se queda con ella! (casi ná).

- mío: El tío le espeta de malas formas que a él qué le cuenta, que si es así que se vaya a su casa, y sigue a lo suyo


A partir de aquí ya no coincidiría nada porque en vez de salir corriendo más sola que la una hacia la calle para coger un taxi, como haría cualquier persona sensata, resulta que un montón de gente se acerca a ayudarla, y entre todos la ayudan a entrar en el metro para llevarla a un hospital. Para empezar le proporcionan una silla de ruedas que no sé de dónde podría haber salido como no sea que se la hayan robado a un mendigo porque dudo que en el metro dispongan de ellas; pero yendo un poco más allá, tampoco sé qué haría alguien en silla de ruedas en el metro de Madrid a no ser que ésta estuviera adaptada para no rodar escaleras abajo, por cierto casi todas muy pronunciadas.

Después, ella y los que la acompañan ayudándola, como si se hubiera encontrado con una manifestación de seres de otro planeta sin duda más solidarios y menos ocupados que los humanos terrícolas, entran en un vagón y la gente se aparta para dejarles pasar; lo que digo, no han pisado en la puta vida el metro de Madrid; bien al contrario, entrar en un vagón de metro en Madrid es como participar en una carrera de obstáculos: si está lleno nadie te hace un hueco aunque sea evidente que te van a pillar las puertas al cerrarse, si no está lleno procura no ponerte cerca de los bordes de las puertas porque los que salen parecen búfalos pero los que entran parecen toros en celo y se lían a hostias con todo cristo para pillar sitio.

Al poco la colega se pone a parir y la gente llama pidiendo un médico. Jajajaj, ay que me descohono. Me imagino la escena de que una tía se pusiera a parir en un vagón de metro de Madrid, con la mitad de la peña apartándose asqueada, la otra mitad con los auriculares puestos y sin coscarse de nada aunque el metro descarrilara, y como las matemáticas sólo son exactas en el papel, un pequeño resto mirando alucinados y pensando que vaya una representación teatral, que lo que no se vea en Madrid...

Entonces llega una médico que se ocupa de ella y al final se ve a todos los samaritanos mirando embelesados un cristal detrás del cual se supone que está el nuevo miembro de la humanidad, “Fulanito”, en un entorno limpio, brillante e inmaculado. O sea, que a los madrileños lo que les sobra precisamente es el tiempo, ¿no? Y los publicistas debieron ver las estaciones recién inauguradas y antes de que entrase nadie más que la Aguirre y el Gallardón con su chorte de guardaespaldas, porque si no, no se explica la ausencia de mierda, pintadas y guarrerías varias que decoran elegantemente nuestro metro de Madrid.


¿Será esto lo que vulgarmente se llama “publicidad engañosa”?

 
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