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De cara al público vs. Atención al cliente



He pasado prácticamente toda mi vida en trabajos de cara al público. A los 15 años me quedé huérfana de padre y a los 16, para no ser gravosa a mi madre, comencé a combinar mis estudios con pequeños trabajos, casi siempre como comercial, y de vez en cuando también como niñera. Poco después ascendí a dependienta de tienda y, como se me daba bien, al poco ya era encargada. Una joyería, tiendas de ropa, y hasta un estanco.

Más tarde, mucho más tarde, cuando terminé la carrera de psicología en la UNED (sobre lo que habría mucho que hablar también por cierto, pero lo dejo para otro artículo) y me di cuenta que no quería ejercer (miedo escénico supongo, o tal vez me había acostumbrado a trabajos más... populares), me ofrecieron llevar una hípica, mi gran pasión. En ella trabajaba haciendo de todo (sólo éramos dos). Como no me daba para vivir y no quería renunciar a mi sueño, también tuve que trabajar como camarera. De lunes a jueves en la hípica y de viernes a domingo en un VIP'S.

Cuando no pude más volví a lo que mejor se me da, comercial, pero esta vez de categoría, jefe de un equipo primero y más tarde ejecutiva de cuentas (que aún no sé qué tenía que ver semejante título con mi trabajo real). Ahora parece que he sentado la cabeza y trabajo como agente de viajes. Como veis siempre de cara al público.

Guardo cientos de anécdotas referentes a los cientos de veces que algún energúmeno, agarrándose al socorido "el cliente siempre tiene la razón", se ha permitido el lujo de descargar sus frustraciones conmigo o con algún compañero a sabiendas de que lo más probable era que no contestáramos o, si lo hacíamos, nos fuésemos de patitas a la calle llevándose de ese modo su mezquina venganza puesta. Y también guardo cientos de anécdotas sobre las cientos de veces que otros dependientes han pagado conmigo, al intuirme amable colega, los cientos de abusos que otros clientes habían cometido con ellos.

Actualmente, debido en gran medida a la masiva inmigración, los empresarios se han agarrado al clavo de pagar una miseria de sueldos, que sólo los jóvenes sin experiencia y los inmigrantes aceptan (estos últimos porque es mejor que nada y tienen que sobrevivir en el paraíso), empeorando aún más la situación y dando como resultado que la mayoría de puestos cara al público estén ocupados por gente sin experiencia ni vocación, porque los que tenían oficio las más de las veces prefieren morirse de hambre a realizar un trabajo duro con horarios esclavos por un salario infame.

La consecuencia de todo esto es un mal servicio en bares, restaurantes, tiendas, supermercados y otros. Peor que el que ha habido siempre, quiero decir, porque ahora, entre otras cosas, si un cliente maltrata a un dependiente o camarero se puede llevar la desagradable sorpresa de que éste le conteste y ni siquiera le despidan. Naturalmente hay personas cara al público que son descaradas o poco amables, personas a las que no les gusta su trabajo y que maltratan sistemáticamente al molesto cliente, cierto, siempre las ha habido y siempre las habrá, pero la mayoría de los que en este momento, en este país, atienden mal lo hacen por falta de profesión.

Así las cosas, cuando leo artículos escritos por alguien que nunca ha estado cara al público (funcionarios no valen) despotricando sobre el mal servicio que se ofrece en España en hostelería y comercio, sobre todo si son extranjeros, que hay que ver cómo atienden en otros países, me dan unas ganas locas de ponerles a trabajar en una tienda del centro comercial de La Vaguada o en uno de los muchos VIP'S que hay, sólo durante un mes, que en el fondo soy buena chica, y a ver qué coño redactaban luego.
 
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