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La Caja Roja de Telecinco, la última aberración televisiva




La noche del martes al miércoles Telecinco demostró, una vez más, que es la reina indiscutible de la Telebasura. Cuando ya creía que había batido todas las marcas de la horterada, la vulgaridad y la ordinariez, bien mezcladas con el culto al morbo, la degradación del ser humano y la provocación de náuseas con el inmundo decimoquinto “Gran Hermano” o con su penúltimo invento repulsivo, “El juego de tu vida”, ése en el que por unos cuantos euros, si es que los consiguen, la gente destroza la confianza y el amor de sus seres queridos, de nuevo me sorprende superándose a sí misma, y eso que parecía imposible.


El nuevo programa, “La Caja”, me resulta difícil de definir incluso echando mano de todo mi arsenal de descalificativos, que por cierto es muy vasto y variado. Decir que es soez, ordinario, chabacano, grosero, bajo, vil, ofensivo, insultante, grosero, vulgar, chocarrero, bajo, incorrecto, y zafio es quedarse corto. Sólo una mente abyecta, ruin, de una bajeza bellaca y absolutamente desconocedora de lo que es la vergüenza podría haberlo ideado.




Bajo una falsa, hipócrita y farisea apariencia de experimento pseudo-psicológico (“reality psicológico” lo llaman ellos) en el que hacen vivir a una persona una sesión de supuesta terapia personalizada, avisando eso sí (¡qué guays son!) de que no se intente realizar sin la supervisión de un profesional, aprovechan los más bajos instintos del ser humano para parir un engendro diabólico, perverso, terrible, horrendo, siniestro, pérfido, vil y cruel en el que se explotan de manera inmisericorde y asquerosa las peores indecencias, deficiencias, carencias, lacras y taras de los pobres “invitados”.





Realmente lo hicieron bien con la publicidad, debo reconocer que me tuvieron intrigada desde días atrás con esos anuncios en los que aparecía una caja roja misteriosa sobre fondo negro o blanco sin más datos; llegué a pensar que tal vez sería algo válido o medianamente interesante, para variar. No podéis imaginar cómo fue cambiándome la cara a medida que avanzaba el programa hasta que, pensando que se me iba a deformar y me quedaría grabado permanentemente un gesto de desagrado, tuve que quitarlo porque me estaba saturando el asco. Y lo peor es que al parecer tuvo una audiencia acojonante (¿veis como no puedo reconciliarme con la humanidad?).



Supongo que no hace falta que os diga que por regla general prefiero un libro, aunque sea malo, a la tele; pero esta es la gota que colma el vaso. Vendo televisor en color, de pantalla plana, con TDT integrado, a buen precio.



Y que condenen a otros y otras por menos y a los creadores, productores y coordinadores de este programa excremento les dejen en libertad..., ¡manda huevos!


 
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