Ymascotizados

Martes y trece, ni te cases ni te embarques


De verdad que no soy supersticiosa, pese a que mi madre odia este día porque mi abuela murió en martes y trece. Nunca me ha preocupado que hubiese una escalera en mi camino o que mi gato Missi, más negro que el carbón, me cruzara por delante de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, que no sé cuál es el que da mal fario; si se me cae la sal o se me rompe un espejo me jode porque tengo que limpiarlo y siempre quedan restos por mucho que me esfuerce; y por más que he pasado los décimos de lotería o de ”los ciegos” por la chepa de mi hermano, jamás me ha tocado un céntimo de premio.


Sin embargo, hay días que más vale no levantarse de la cama. Cuando uno de ellos coincide con una fecha supuestamente fatídica vuelven a aflorar los arcaicos miedos colectivos. Es entonces cuando te dices: “Joder, creer no creo pero, a ver si va a ser verdad…” En este caso vosotros no lo vais a creer, pero igual os lo voy a contar.
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Me he levantado tarde porque, de los tres despertadores que pongo para no dormirme (soy un poco marmota), o no ha sonado ninguno o he apagado los tres. Después de tomarme apresuradamente un café asqueroso (si no tomo un buen café por la mañana no soy persona) porque no quedaba leche y he tenido que aguar nata, he sacado a pasear a los perros. En medio del paseo se nos ha cruzado un gato y he esquiado un buen trecho hasta estrellarme contra un árbol; como estaban muy emocionados han intentado seguir corriendo tras su esquiva presa por lo que, en mi intento por agarrarme al árbol, me he despellejado las manos; y cuando ya creía tenerlos controlados se me han cruzado las correas y me he ido al suelo, directamente sobre una enorme mierda de perro. A propósito, qué a gusto castraba yo a los dueños que no recogen las mierdas.


Así que he llegado a casa hasta las cejas de mierda y alterada. Mientras me cagaba en todo lo que se menea, enredada con las correas, la bufanda, el plumas y con los guantes aún puestos, he tropezado con una de las pelotas de Norma (aún no he conseguido que las recoja cuando termina, y eso que es lista como ella sola) y me he ido a dar de bruces con la pila de correo pendiente que algún día terminaré de clasificar y leer. Con todo desparramado por el suelo, Norte se ha puesto a vomitar, y como no ha debido encontrar mejor sitio lo ha hecho precisamente encima del correo sin leer.
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Me he metido en la ducha con mucho miedo a resbalar, y por fortuna no ha sido así, pero mientras me enjabonaba el pelo han sonado a la vez el timbre y el teléfono; esperaba la llegada del cartero y una llamada importante, así que he tenido que salir escopetada, intentando no patinar y a la vez callar a Norma y a Norte que ladraban desaforados, pero el intento ha sido en vano, he patinado, he empapado la casa y no he llegado a tiempo ni a la puerta ni al teléfono.

Salgo de casa, aún sin saber qué día es hoy y paso por el cajero, pero no funcionaba. Me voy al coche y no arranca; tras varios intentos, al final lo consigo. Al encender el TomTom me entero que es martes trece y me da la risa tonta. Me meto en la M-40 y me encuentro un atasco del copón, entonces miro al TomTom que me dice que me meta en la M-50; como ya me había pasado el principio de la cola de espera para la salida, dudo pero veo un hueco más que aceptable entre dos coches y me meto. De repente veo una mano enguantada, bajo una chaqueta verde, que me indica que pare; el dueño de la mano me dice que le enseñe los papeles y, cuando se los doy, repara en que no he pasado la ITV; resultado: 90€ por colarme y 150€ por el retraso en la ITV; se queda con mi permiso de circulación.

Por fin llego a donde tengo que hacer las fotos casi 20 minutos tarde y más cabreada que una mona, para encontrarme con que no hay forma de aparcar. Otros 15 minutos después me presento, me disculpo vagamente (nadie me creería) y me dispongo a empezar con las fotografías. Para rematar, la batería, aunque ha estado cargándose toda la noche, se niega a funcionar y apenas puedo sacar dos fotos; es decir, para ganar 60€, si me publican las dos, me he gastado 240€ más el parking.

Al llegar a la oficina el teléfono no funcionaba; ha venido un técnico que lo ha arreglado y, nada más irse, me he quedado sin Internet; el técnico me miraba con sorna, lo sé aunque él, claro, lo ha negado. Ahora, funcionando ambos, a ratos, me voy a comer; espero no atragantarme, pero por si acaso comeré algo poco sólido.

Y es que hay días que es mejor no levantarse de la cama. ¿Martes y trece?, y qué, yo no soy supersticiosa... ¡Hay que joderse!

 
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