Ymascotizados

Hoy es el día…



Me he despertado empapada en sudor, tan perdida entre un revoltijo de sábanas que me ha costado encontrar la salida. He pasado una mala noche, plagada de pesadillas y sintiendo, aún dormida, un intenso malestar. Siempre me pasa lo mismo cuando tengo que hacer algo como lo de hoy. Por más veces que me suceda, no termino de acostumbrarme, y menos sabiendo que lo hago coaccionada por amenazas.


Me duele el estómago, seguro que por la descomposición que me entró anoche. Me voy directa a la ducha, de todos modos no podría desayunar, así que mejor que salga cuanto antes de casa. Si me pongo algo de música, cavilo de camino al cuarto de baño, quizá deje de pensar en lo que me espera, pero sé que no va a ser así y la música tan solo va a conseguir sumirme más en mi estado de ánimo o soliviantarme. Me machaco con absurdas estrategias para evadirme de lo que voy a hacer, a sabiendas de que no llevaré a la práctica ninguna y al final haré lo que tengo que hacer.

Ya estoy vestida. Me ha costado un montón abrocharme las zapatillas de paseo por los nervios. Qué sensación más incómoda, ojalá se me descontrajese el estómago al menos un rato. Es más pronto que de costumbre, sí, pero los vecinos pueden pensar que me adelanto para otra tarea cualquiera, así que debo salir de casa como si fuera un día cualquiera, si alguien me notara el estado de nervios me moriría de vergüenza.



Acabo de llegar, hay mucha gente. Siempre me pasa lo mismo, mira que me he dicho veces que es mejor llegar antes, pero no puedo evitar retrasarlo. Encuentro una silla libre y me siento abriendo mi libro; no voy a leer, no podría concentrarme, tan sólo intento pasar desapercibida para poder observar. Pero qué más da, al fin y a los cabos todos los que estamos aquí vamos a sufrir, y al menos eso nos une.

Si pudiera liarme la manta a la cabeza, levantarme e irme… Tonterías, lo sé. Bien claro me lo dijo ese hombre, con sus ojos fríos fijos en los míos y un distancianmiento largo tiempo estudiado, que por la cuenta que me traía…



¿He oído mi nombre? Maldita sea, perdida en mis pensamientos no me he fijado en los detalles. ¡Me he quedado sola! Por el rabillo del ojo veo venir hacia mí a una mujer madura muy malhumorada. Me entran ganas de salir corriendo y no parar hasta llegar a casa. No obstante me quedo, soy responsable, sé que debo hacerlo y lo haré. La miro desafiante; aunque tengo mucho miedo no puedo permitir que lo perciba. Aún no ha alcanzado el lugar donde me encuentro y, en voz muy alta y con genio apenas disimulado, me pregunta que si soy la siguiente. "¡Los análisis terminan a las 9, no tenemos todo el día!", añade muy enfadada.



¡Joder!, siempre igual, no sólo paso un mal rato, también salgo avergonzada.
 
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