Ymascotizados

La mente en blanco

Ésta sí que es larga, ¡que el cielo os pille confesados! (Jobar con la Marbe y sus historietas, ¿eh?)



¡Dios, qué tarde se me ha hechoooo! Un último vistazo y me voy pitando. El gas…, las luces…, las puertas, que como se metan los perros en la casa me arman un estropicio seguro. Está todo. Venga, que al final vas a llegar tarde. Si es que así no se puede, todo el día corriendo. No me cunde…

“Cunde”, qué palabra más rara. Pues como otras, mira que la tontería… “Carbúnculo”, ¿de dónde vendrá ésa por ejemplo?, por cierto, ¿existirá “carbúnculo”?, y ¿qué será un carbúnculo? O “supercafrilis”… ¿cómo era?, terminaba en “tico”, súper…

¡Coño, que me la pego! Si es que tienes que ir más atenta, que un día te vas a esmorrar. Si tuviera poderes volaría. Tiene que molar volar por encima de los edificios, ver Madrid desde el cielo, planeando a tu antojo sobre el tráfico. Fea palabra esa de “coño”, tengo que cuidar mi vocabulario mañanero.

¡Qué frío! Sólo a mí se me ocurre salir con el pelo aún mojado a estas horas. ¿Qué hora será? Ea, ya llego tarde. No, yo nunca llego tarde y, de todas formas, si veo que voy a llegar tarde siempre puedo inventar una excusa, al no ser habitual me creerían. Me ha atropellado un coche y, cuando me llevaban al hospital, el coche que me ha recogido ha volcado porque había un burro enorme y suelto en la calzada... No, eso no es creíble ¡hombre! Mejor aludes al metro, que ha llegado tarde y eso sí es habitual. Pero saben que voy en bus, tampoco vale. ¿Y si mejor te das prisita?

Oh, oh. ¿Apagué el gas? Joder, ahora no me acuerdo, y si vuelvo a comprobarlo entonces sí que no me salva ni La Caridad de llegar tarde. Además, eso son obsesiones compulsivas o algo así, que lo estudié en la carrera. Chorradas, vamos…, hasta que un día… una casa salta por los aires dejando medio barrio destruido a causa de un escape de gas ocurrido como consecuencia del olvido de una irresponsable que llegaba tarde al trabajo…, y entonces lo que es compulsivo es repetirte una y otra vez que si hubieras vuelto… Que sí, joder, que seguro que lo he apagado. ¿Seguro? Bueno, luego llamo a cariñito y que lo compruebe. ¡Más bonito mi niño! Menos cuando se cabrea, claro, y si le llamo otra vez con ésas se va a cabrear.

¡El bus! A correr. Con estos tacones, ¿pero quién me mandaría ponerme estos zapatos para ir a currar? Buah, ya no, olvídalo, no eres la que eras, que te dabas una carrerita y te quedabas tan campante. Lo pierdo, ya cogeré el siguiente, aunque también podría irme hasta el metro, pero es que de aquí a la estación…, no, mejor espero al siguiente.

¡Hala!, ¿será posible?, como los locos, sin mirar, ¿pero no ves que estoy cruzando? Vale, no estoy exactamente en el paso de cebra, pero eso no excusa, que vais como las cabras. El paso de cebra, ésa es otra, ¿para qué leches está? “Bienaventurados los que confían en el paso de cebra porque ellos verán pronto a Dios”. Jeje.


¿Y esa qué mira? ¿Llevaré algo mal? ¡La bragueta! No. Legañas, mira a ver si te has lavado bien la cara. Pues no. Lo mismo es lesbiana y le he gustado, hoy día todo es posible… ¿A que va a ser que me he reído en voz alta? Siempre igual. Intenta dejar la mente en blanco, bonita, que así luego te toman por loca, y con razón.

Y ahora me suena el dichoso móvil. Por si llevabas prisa, ponte a buscar el aparatito diabólico en el maletón que llevas; mañana cojo un bolso más pequeño, decidido; aunque me va a dar igual, lo llevaré a reventar… No, no es el mío, como todos suenan igual… Por cierto, tengo que llamar a Gemma, esta vez seguro que está enfadada de veras; a ver, ¿qué podría decirle para aplacarla?; Gemita, no sabes, el otro día entré en el barrio chino y un tío como una catedral de grande y con pinta de pirata del norte bla, bla, bla, y en fin, que me robaron el móvil… Cobarde eres, ¿cómo vas a engañar a tu mejor amiga? ¡Ostras!, y a Rafa, y a Napo, Quique, Alicia, Rosa… ¡Joder, y a mi hermano! ¿Cuánto hará que no les llamo? Desde la última vez que me llamaron ellos. Si es que no sé cómo tengo amigos…

Soy un desastre. Bueno, un desastre tampoco, ¡es que me faltan horas del día! Deberían tener… 36 ó 48, así me cundiría más. “Cundiría”, otra vez la palabreja, “cundir”, “cunde”. ¿Mira que estoy tonta hoy, eh?, ¡hay que joderse!

Me voy a encender un cigarro, ¿vendrá el bus?, claro, siempre lo hace. Aunque mejor, así espero menos. ¡Un pulso a Murphy! ¡hip, hip, hurra!

La mente en blanco… ¿Y eso cómo coño se hará? Porque mira que lo he intentado, ¿eh?, pero que si quieres arroz Catalina. Y dicen que es fácil, sólo tienes que pensar en un punto blanco o algo así.

Ahora sí, ¡cómo no!, en cuanto me he encendido el cigarrito. Lo apagaré, qué remedio, todo sea por no llegar tarde al curro. No voy a descapullarlo y guardarme la pava como hacía de jovencita, puaj, ya no tengo edad para esas guarradas.

El metrobús, ay, ay, ahora no lo encuentro, formo una cola del copón, y la gente se impacienta y empieza a mirarme mal y el autobusero no me deja subir al bus porque tampoco llevo cambio… Y no será que no he tenido tiempo de buscarlo, ¡joder, siempre igual! Vale, valeeee, ya está aquí.

¡La cara de mala uva que tiene el autobusero, oye! Conductor, que si les llamas autobuseros se cabrean. Pero como para no tener ese careto, el pobre hombre, si todos suben dándole voces por tardar y encima yo creo atasco. Jeje. ¡Ya estamos!, otra vez te ha salido la sonrisita en voz alta o como se diga, en pensamiento alto.

Ni un asiento. Mejor, que si me siento me tiro luego todo el viaje intentando no levantar la vista o hacerme la dormida para no tener que ceder el asiento. Y todo para levantarme al final, siempre, y que nunca, pero nunca, oye, me lo agradezcan. Claro que cuando me lo agradecen y se ponen a darme la paliza con sus batallitas es peor…

¿Qué estaba yo pensando? Vaya olorcito, esto está abarrotado, y si por lo menos algunos se lavaran más y se echaran menos pachuli sería más soportable… Señorita, está usted encerrada en una cárcel turca acusada de espionaje, ¿sabe lo que eso significa?, yo en su lugar empezaría a cantar todo lo que supiera…

Ah, sí, la mente en blanco… Va, no puede ser tan difícil, no lo has conseguido nunca porque no te has puesto de verdad a ello, pero ahora es tan buen momento como cualquier otro para intentarlo.


Pero, si pienso en un punto blanco que vaya agrandándose y llenando toda mi mente -jeje, para eso no hay que correr mucho- (hasta pensando me imagino los guiones, ¿a ver si van a tener razón todos y voy a tener que leer menos?), ya estoy pensando en algo. Va a ser que así no es.

¿Será bestia el tío?, qué empujón. Joder, que yo también voy enlatada y me sujeto para no molestar. ¡Ostras!

- Huy, perdón, es que nos llevan como a ganado, lo siento señora, ¿le he pisado muy fuerte, verdad?

Quita esa cara de compungida que parece que la has matado. Y, como siempre, otra oportunidad perdida para dejar de pensar gilipolleces, porque vaya empujón que le has dado a la señora y te estabas quejando del gordo bestiajo ése.

Y ese cafre ahí sentado sin cederle el sitio. Le voy a decir algo. O no, porque luego me contesta de malas maneras y ni la señora me defiende. Bueno, y a mí qué más me da, las cosas se hacen por uno mismo y no porque te las vayan a agradecer. Se lo digo. Debería decírselo, pero a lo mejor la señora no quiere sentarse… Perdona, chico, ¿no has visto que esa señora está muy mayor y quizá desearía sentarse? ¿Y a mí qué me cuentas?, ¡pues que se siente! ¿Dónde, canalla?, ¿no ves que no hay asientos? Oye, a mí no me llama canalla ni mi padre. Por eso estás así, porque nadie te ha dicho lo que mereces, ni te ha dado un bofetón a tiempo. ¿Ah, sí, lista?, pues ahora vas a ver tú lo que es un bofetón. Entonces se levanta y viene hacia mí, sin saber, el pobre, que tengo una fuerza sobrehumana. Pero como no quiero hacerle daño me limitaré a frenarle con un solo dedo, le dejaré en ridículo y aprenderá para la próxima.

Huy, huy, huy…, que se ha levantado y viene hacia mí, ¿habré hablado en voz alta? Ah, noooo, que estoy al lado de la puerta de salida -empotrada más bien-, y el chico va a salir. Jeje. Hay que ver las tonterías que se piensan por las mañanas. Un día me llevo un disgusto, por idiota.

Mmmmm, venga va, la mente en blanco, vamos a intentarlo. Mente en blanco, mente en blanco, mente en blanco… Nada, esto no funciona, sigo pensando, gilipollleces, pero pienso.

Decían que había que concentrarse en algo. El sombrero de ese señor puede valer. Los sombreros ya no se llevan y es una pena, es una prenda tan elegante… Qué bueno estaba el Mortensen con sombrero, y sin él vamos. Con él, sin él, vestido, desnudo, mmm…, jeje. ¡Y tú ¿qué demonios estás mirando?! Desenvaine su espada, rufián, lavaremos con sangre la ofensa vertida al honor de la dama. Me da a mí que esta frase está mal construida. ¿La ofensa vertida al honor de la dama?, ¿vertida? ¡Mira que eres cutre, colega!

Sombrero, sombrero, sombrero, sombrero. Esto es una chorrada. ¡Un sitio!, a por él, ¡al abordaje!, ¡marica el últimoooooo!, jajaja, lo pillé, a ver lo que me dura, una vieja que suba y ya estoy de pie otra vez.

Qué vergüenza, ¿le he metido el codo en los higadillos a ésa? Seguro que sí, pero como ella me estaba metiendo el culo con saña mal disimulada, y menos derecho al asiento que yo, que estaba más cerca, se lo ha merecido con creces. Ese tipo gordo y grande que está a su lado me está mirando mal, ¿será su marido? Pues como le entre el espíritu vengador del macho ibérico al rescate voy dada, porque ni el Mortensen me saca de ésta. Contemplamos un ejemplar de macho ibérico, especie en peligro de extinción…, nada, nunca he sabido imitar la voz de Rodríguez de la Fuente,…en estas sierras lozanasel abejaruco... Jeje.

¿Jeje?, qué jeje ni qué jeje. Vaya mañanita que llevas, guapa. Tú estás de psiquiátrico. Mejor saca el libro, anda, ya que has pillado un sitio, y haz algo de provecho. Si al menos tuvieras imaginación, ya que no tienes intelecto para dejar la mente en blanco, pero como no la tienes, pues a leer lo que escriben otros se ha dicho. ...
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