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¡Sexo, ¿quién lo entiende?! 3ª parte

"Mi relación de pareja sería ideal... si no fuera por mi pareja”


“Hoy he llegado a casa y, tras un rápido beso y un apenas musitado saludo, me he encerrado en el cuarto de baño con un cigarrillo encendido en la mano, me he sentado en la alfombrilla de bañera, que el suelo estaba muy frío, y me he echado a llorar.”

Llegaba a casa con unas difícilmente controlables ganas de llorar (no suele pasarme, pero alguna vez incluso parezco mortal y me afectan los cambios hormonales) y sin ninguna explicación lógica para ello. Y eso es chungo. Si se te escapa una lágrima y tu pareja, atareada en algo, no se da cuenta, entonces ya sientes que tienes un motivo más que de sobra explicable para llorar. Pero si, como es lo normal, ante su mirada más o menos inquisitiva y anhelante porque no te ve desde por la mañana, dejas que se escape una lágrima antes de estar bien escondida en el baño, entonces, además de que no te deje llorar a gusto, puede producirse la tormenta.


Cariñito - ¿Estás llorando?
Yo - No
C - ¿Cómo que no?
Y - Como que no
C - ¡Estás llorando!
Y – No estoy llorando
C - ¿Por qué me engañas?
Y - No te engaño
C - Ya, vamos que no me lo quieres decir.
Y - No seas absurdo
C - Entonces dímelo
Y - Que te diga qué
C - ¿Por qué lloras?
Y - Por nada
C - Por nada no puede ser, por algo llorarás
Y - No lo sé
C - ¿Cómo no lo vas a saber?
Y - Pues qué quieres que te diga, no lo sé
C - Lo sabes, lo que pasa es que no quieres decírmelo
Y - No seas absurdo, ¿por qué no iba a querer decírtelo si lo supiera?
C - Vamos, que me tomas por imbécil, ¿cómo se puede llorar sin saber el porqué?
Y – Esa pregunta sólo podía hacerla un hombre
C - ¿Qué quieres decir con eso?
Y – Nada, déjalo
C - No, no lo dejo, ¿cómo que nada?, ¡algo habrás querido decir!

Y entonces tienes dos opciones:
a) irte al baño a llorar (que si lo hubieras hecho antes te habrías ahorrado todo esto) o
b) entrar al trapo, cabrearte y dejar de llorar (que es peor porque se te queda así como reprimido algo por dentro).


Es chungo intentar convencer a quien te está mirando fijamente y de cerca de que no estás llorando cuando te caen unos lagrimones del tamaño de uvas y, cuando por fin desistes de intentar convencerle de eso, es aún más chungo explicar que lloras “por nada”, sobre todo si se lo tienes que explicar a un hombre. Ellos no tienen cambios hormonales, ellos no lloran y menos “sin motivo”, ellos siempre se sienten culpables o responsables de que tú llores y eso les cabrea.


Por supuesto que si se llora, se llora por algo, pero no siempre tienes fuerzas para tirar de subconsciente y traer al yo consciente lo que te afecta. No siempre puedes o quieres escarbar en sus profundidades, a veces es más fácil dejar fluir las lágrimas y que lo que sea permanezca enterrado aunque sea un poquito más. Así que lo mejor es meterse a toda ostia en el baño y salir con la cara bien lavada una vez que te has desahogado (llorando, desahogado llorando) alegando con una sonrisa que traías una urgencia incontrolable, eso sí lo entenderá.

 
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