Ymascotizados

Traicionero inconsciente!




A veces me pregunto ¿qué es la vida? No es una pregunta filosófica, me refiero a la vida en este planeta. Cuando vi "Matrix" se abrió una puerta dentro de mi mente. Podría ser… ¿Por qué no? Ya me lo había planteado después de leer, y verla representada en un teatro, “La vida es sueño”. Y después de la proyección de "El show de Truman" quedé convencida. La vida no es como la sentimos, tal vez como la imaginamos, pero tampoco.

Nunca antes había sentido nada igual, lo cual es cierto una sola vez en la vida con respecto a la situación que provoca la emoción que a su vez da lugar al comentario; la siguiente vez que se pronunciara debería, para ser cierto, referirse a otra situación o a otra emoción. En mi caso la he utilizado ya tantas veces, porque soy exagerada en el hablar, que casi la he despojado de su sentido literal. No obstante esta vez sí que debe ser interpretada en su pleno significado, pues realmente nunca antes había sentido nada igual.


Mi pasión por los niños es inversamente proporcional a mi pasión por la libertad de movimiento y acción. Es decir, cero. Será que soy egoísta, no he sentido nunca la llamada de la naturaleza, ésa que por lo que se ve te convence de que debes dejar descendencia y ayudar a repoblar el planeta y que, si me llegó, debió pillarme apagada o fuera de cobertura.

Ese día estaba yo practicando una de mis aficiones favoritas que es soñar, dormida pero manteniendo una leve consciencia de estar viviendo un sueño, por aquello de que si en un momento dado mi subconsciente decide jugarme una mala pasada pueda yo burlarle y despertarme sin mayores consecuencias. Sin embargo, confiarse y creer estar por encima del subconsciente es, cuanto menos, peligroso porque éste, que sin duda es poderoso, permite el juego mientras no le cuestiones en exceso o enfurezcas, mas si sacas los pies del plato es seguro que te llamará al orden para dejar claro quién manda.


Así, mientras soñaba con algo que no logro recordar pero que me producía un onírico entretenimiento, de repente me asaltó una imagen cautivadora y estremecedora hasta límites tales que no tengo palabras para describir lo que sentí. Me vi tendida en la habitación de un hospital con un bebé en los brazos; un bebé que yo acababa de parir y que me producía tal ternura y sensación de amor infinito que creí volverme loca y morir si prolongaba un segundo más el sueño, porque ni mi cerebro ni mi corazón resistirían el embate.

Sin embargo, y aunque me propuse firmemente abrir los ojos y despertar, algo, además de mi travieso subconsciente, se puso en mi contra y aunó esfuerzos con éste para hacerme continuar con esa intensa y extraña emoción que juro no haber sentido nunca antes ni después de ese sueño, y que no logro transmitir por medio del lenguaje.


Al final conseguí despertar, mientras mi yo interior se reía mordazmente de mí, deseando enloquecer e incluso morir, nada más hacerlo, por haber perdido el contacto emocional con la criatura que acunaba en mi sueño y que ahora anhelaba, por encima de cualquier otra cosa en el mundo, volver a ver aunque fuera solamente una vez más.

Lloraba silenciosamente al principio, como se lloran las pérdidas irreparables, y con grandes aullidos de dolor más tarde, de ese dolor que nada ni nadie puede calmar y que sabes que perdurará en tu corazón mientras vivas, cada vez que tu mente te traiga como al vuelo traicionero el recuerdo.

Entonces me dije, cuando conseguí calmarme, que ése era mi particular Show de Truman, mi Matrix privado, mi Vida es sueño personal. No somos, como pensamos, seres inteligentes que deciden su destino dentro de las posibilidades que nos da la vida; por el contrario, somos marionetas que nos movemos al antojo de nuestros subconscientes, que nos dejan manejar los hilos de vez en cuando, para mantener el engaño, pero manipulan cada uno de nuestros actos en una tragicomedia que quizá tengan planeada de antemano, quizá improvisen sobre la marcha, pero que mantienen subyugados a nuestros conscientes.



 
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