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Cómo afrontar la pérdida de una mascota, de un ser querido.

Cuando perdemos a un buen compañero y amigo es muy difícil afrontarlo. Más para vosotros, que pensáis razonadamente, que para nosotros, que es una cuestión a la que no damos vueltas; simplemente sabemos que sucede y punto. Y aún más cuando se trata de la pérdida de una mascota, porque no contáis con la aceptación lógica de vuestra pena por parte del resto del mundo, como sucedería con la pérdida de cualquier ser querido humano.


¿Por qué este post si es algo que sí o sí debéis pasar, y cada cual pasará el duelo a su manera? Porque por desgracia he visto a mami pasar por esto ya en más de una ocasión y creo que puedo ayudaros con unas sugerencias.

La pérdida de cualquier ser querido os sume en una profunda tristeza y os provoca un cúmulo de sensaciones encontradas. Cuando se trata de uno de nosotros debéis sumar, además, una especie de sentimiento de culpa o vergüenza por sufrir tanto. O, en el mejor de los casos, si bien tenéis claro vuestro 'derecho' a sufrir por perder a un miembro de vuestra familia, la experiencia os dice que vais a estar solos, que poca gente os va a entender.



Pedir unos días de descanso en el trabajo, llorar delante de otras personas, poder desahogaros con alguien o simplemente estar triste y apático son cosas que no podéis hacer libre y despreocupadamente. Sabéis que mucha gente os dirá que 'sólo era una mascota', y eso os producirá aún más dolor.

Por eso, debéis creer sin lugar a dudas que lo que sentís es normal, lo entiendan los demás o no. Que habéis perdido a un ser querido, a un compañero, a un fiel amigo, a un ser que compartía vuestras vidas y os entendía como nadie, y eso es lo único que debe ser tenido en cuenta. Y que quien no lo entienda es quien tiene el problema, y no vosotros.


Pasaréis por varias fases que pueden aparecer en orden o solapadas, y es bueno que conozcáis para que no os pillen por sorpresa:

1. La negación: Os negaréis a aceptar que ya no está y que no volverá. No podéis ni queréis creerlo. Ni siquiera podéis pensar que sea algo definitivo.

2. La ira: Os enfadareis con el mundo, con vosotros mismos, con vuestro ser querido incluso al comprender que de verdad se ha ido y os ha dejado con toda esa tristeza que no creéis poder gestionar.



3. La negociación: Intentáis alcanzar un pacto que os devuelva a vuestro ser querido, un volver atrás en el tiempo que os dé las pautas para recuperarlo. Comenzáis un análisis de todo lo que podríais haber hecho o dejado de hacer para no perderlo.

4. La depresión o la tristeza: Empezáis a aceptar que es definitivo, que no volveréis a verle ni a estar con él o ella, y la pena es tan grande que se traduce en síntomas físicos como sensación de falta de aire, o pérdida del apetito.



5. La aceptación: Por último, comenzáis a aceptar que se ha ido para siempre, desaparecen o se atenúan los sentimientos de culpa, amargura o rencor, y si bien el dolor persiste y el recuerdo no se borrará nunca, sabéis que ha llegado el momento en que podéis retomar vuestra vida normal. Podéis ya recordar sin miedo esos buenos momentos que pasasteis juntos y sonreír al hacerlo.





Durante estas fases, aunque cada cual tiene su forma de vivirlas, y mientras unos necesitan hablar de ello, otros prefieren estar solos, es bueno expresar lo que se siente. Si no podéis o no queréis hacerlo con un humano, habladlo con vuestras otras mascotas, y si no tenéis hacedlo con vosotros mismos, o escribidlo. Sacarlo fuera y racionalizarlo ayuda mucho, creedme, lo sé por experiencia. Es importante que no os sintáis culpables por sufrir o llorar, recordadlo también. Y saber que antes o después ese dolor intenso pasará, puede pareceros una perogrullada, pero es necesario recordarlo.



Espero de corazón haberos ayudado.
 
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