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Los gatos también se caen. Protégelos de caídas peligrosas.

Los gatos son animales curiosos y juguetones por naturaleza. Les encanta pasar las horas muertas en el poyete o filo de una ventana disfrutando del sol, o mirando lo que sucede fuera. Y a veces se caen.


También los perros podemos caernos, y los niños, aunque es menos común que nos caigamos nosotros a que lo haga un gato. Porque, si bien es cierto que los gatos normalmente son extremadamente ágiles y habilidosos para mantener el equilibrio en las situaciones más impensables, también lo es que por hábiles que sean a veces no calculan bien o se les va el santo al cielo y se caen. Y de ese exceso de confianza por parte de sus compañeros humanos viene que sea mucho más habitual que se caiga por una ventana o terraza un gato a que lo haga un perro o un niño.




Las consecuencias de una caída desde una ventana o terraza para un gato pueden ir desde un tremendo susto con o sin pequeñas lesiones, hasta la pérdida o muerte del animal, pasando por lesiones muy graves o invalidez permanente. También las ventanas abatibles o correderas son muy peligrosas para ellos.




Además, no debemos creer que porque ya se hayan caído una vez aprenderán de la experiencia. Los hay muy reincidentes (cuando sobreviven a la primera caída, quiero decir). Algo que les llame poderosamente la atención o un susto pueden provocar que el gato actúe impulsivamente sin pensar en consecuencia alguna.




Cuando mami era aún inexperta en esto de los gatos, sus tres primeros compañeros felinos cayeron por una ventana, uno detrás de otro. Missi estaba apoyado en el quicio por fuera cuando la abuela, que no le había visto, cerró la ventana. Pussi saltó por un susto al abrirse de golpe la puerta de la habitación en cuya ventana reposaba plácidamente. Y Chiquita saltó detrás de algo que le llamó la atención. Gracias al cielo vivían en un primero y ninguno se hizo nada grave, pero el susto, el disgusto, el veterinario y los dos días buscando a Chiquita hicieron que prácticamente blindara la casa. Podía haberse ahorrado todo eso si hubiera sabido que podía evitarlo fácilmente sólo con poner rejillas en las ventanas.



Nada de eso merece la pena, ni siquiera lo más leve, siendo además tan fácil protegerles de dichas caídas. Incluso aunque no dispongas de dinero para que alguien te instale redes o mallas de rejilla. Puedes hacerlo tú mismo comprando los materiales en una ferretería. Su seguridad y tu confianza en que estarán seguros no tienen precio.
 
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